7 de noviembre de 2010

Daghe l'aiga a le corde! (¡Agua a las cuerdas!)

10 de septiembre del año 1586; 900 hombres con 150 caballos, innumerables poleas y cientos de metros de cuerda, intentan poner en pie en el centro de la Plaza de San Pedro en Roma, un enorme obelisco egipcio de 350 toneladas, mas de 25 metros de altura y 4000 años de antigüedad.

Un espectáculo que atrae a una muchedumbre que abarrota la plaza. Es por ello que el Papa Sixto V obliga a permanecer en silencio a este sonoro público bajo pena de muerte, para que así se pudieran oír las ordenes de los técnicos. Cuando los obreros empiezan a izar tan descomunal piedra de granito rosa, debido a la fricción las sogas ceden y empiezan a echar humo.

De repente en toda la Piazza San Pietro resuena un gran grito: Daghe l'aiga a le corde!. Es el marinero Bresca de Liguria, capitán de una nave genovesa y conocedor de que las cuerdas de cáñamo se rompen si no se las enfría. Se arriesga y valientemente sin temor a ser ahorcado, alza su voz para salvar este bloque pétreo labrado en Asuan.

Una mole traída en barco el año 37 d.C desde la ciudad egipcia de Heliópolis por encargo del emperador Calígula, como trofeo de guerra para ser situado en su circo.

Posteriormente el Papa Sixto V como parte de su plan para embellecer Roma ordena el traslado frente a la Basílica Vaticana. Conocido como el "testigo mudo", junto a este obelisco fue crucificado Pedro en el Circo de Nerón. Fue el primer obelisco alzado en el período moderno y es el único de Roma que no ha caído desde los tiempos romanos. La esfera de bronce situado en la cúspide albergó, según una leyenda medieval los restos de Julio César, que fueron reemplazados por un trozo del Lignum Crucis.

Para el proyecto de esta 'mudanza' se presentaron 500 planes diferentes, finalmente el encargo fue adjudicado al arquitecto Domenicio Fontana. Una hazaña de la ingeniería que duro todo un año y que quedo fielmente reproducida en el esplendido libro: Della trasportatione dell'obelisco Vaticano et delle fabriche di Nostro Signore Papa Sisto V, un volumen de 1590 cuya copia escaneada puedes ver aquí:

¿Y qué fue de aquel valiente marinero llamado Bresca que gritó a todo pulmón?. Fue inmediatamente detenido y llevado ante el Papa Sixto V que en vez de castigarle, le recompenso concediéndole el privilegio de poder izar la bandera vaticana en su barco. Además se le otorgo a él y a sus herederos el derecho a poder vender en exclusiva las palmas del Domingo de Ramos para la Santa Sede. Desde entonces hace ya más de 420 años, sus descendientes siguen teniendo esta prerrogativa papal, siendo ellos los que suministran las ramas de palmera. La gran hazaña aún es recordada en su pueblo natal Bordighera.

"Daghe l'aiga a le corde!" que en italiano es ¡Acqua alle funi!, fue un grito realizado en dialecto genovés, ahora se ha convertido en todo un símbolo en contra del poder establecido. Utilizado para resaltar el coraje y la valentía de alguien que se enfrenta a los abusos. Anteponiendo el bien común al propio riesgo, sin pensar que ese acto puede crear graves consecuencias personales.

Pocos son los que ahora gritan Daghe l'aiga a le corde!, una frase que implica acción y que muchos deberíamos decir ante las grandes injusticias.

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4 comentarios:

Pomés dijo...

que bueno!. muy interesante.

PEDROHUELVA dijo...

Que interesantisima entrada, de la ciudad por la que sigo fascinado, no solo el Vaticano, si no toda la bota italiana.

Me das pie, a seguir profundizando en este capitulo de la historia.

saludos y mile grachie.

Alejandro dijo...

Muy interesante. Yo no sé si me hubiera atrevido :)

Anónimo dijo...

buenassss

Conozco otra versión de esta historia

estudie en los escolapios y recuerdo como si fuera ayer un cura que nos contó cómo un niño, no un marinero, advirtió de la necesidad de echar agua a las cuerdas, pero para apretar los nudos bien, no para que no se rompieran las cuerdas.

Entonces, cuando se le preguntó al niño que porque sabía eso, el respondió que se lo enseñaron en la escuela de Jose de Calasanz y bla bla bla bla...

¡cosas de curas, supongo!

un saludo y gracias!